El hijo pródigo


Cuando Fortuna gira su ruleta es imposible escapar de sus designios por mucho empeño que uno ponga. Y es que sólo así se explica que el destino haya querido colocar al ‘macarra’ Quentin Jerome Tarantino en lo más alto de Hollywood con un cine abiertamente violento y rompedor.

Quentin TarantinoSu primera señal divina llegó con la elección de su nombre de pila, fruto de la devoción que sus padres sentían por uno de los personajes de la serie ambientada en el oeste La Ley del Revólver. Dos años más tarde aterrizaría en el multicultural South Bay (Los Ángeles) donde recibiría numerosas influencias culturales entre las que no podía faltar el cine, convirtiéndose así en su gran devoción. Es por ello que su primer trabajo no fue otro que el de empleado de un videoclub, Video Archives, el cual transformó a su gusto para hacer de el su propia universidad. Tras numerosos intentos frustrados consiguió que una productora le abalase para rodar, en tan solo un mes, la premiada Reservoir Dogs que le daría cobertura para continuar su carrera.

Durante su estancia en Video Archives, Tarantino visionó miles de cintas de kung fu, western, gore y, cómo no, serie B. Todas ellas fueron la base de su concepto como director, primando el espectáculo y la diversión antes que las formas o el mensaje social. Su búsqueda se centra en conseguir que el espectador nunca se sienta cómodo, obligarle a pensar, a sufrir con escenas grotescas o asfixiantes y hacerle reír a carcajadas. Para ello se basa en un uso del tiempo alterado, la presencia de ultraviolencia, en marcas de la casa como su fetichismo por los pies, su propia participación en el reparto, bandas sonoras inolvidables o planos con actores en constante movimiento. Y es en esto último donde reside su magia ya que sus cintas no destacan por grandes historias, sino por los mejores personajes. El mayor ejemplo de ello es su ópera prima: la historia de un atraco en el que en ningún momento conocemos el robo, el botín o el nombre real de los protagonistas sino que sólo presenciamos el conjunto de traiciones y artimañas que se traen entre ellos.

Todos estos recursos son herencia de las ‘b movies’ de los 70 y 80 en las que las condiciones primarias de rodaje y el tono desenfadado dieron origen a verdaderas obras de arte. Es por ello que su aportación al sector es continua tanto en la producción como realización de cintas del género, así como sus constantes guiños. Su gran homenaje es la película Grindhouse que cuenta con una primera parte basada en el mundo zombie y una segunda como recordatorio de los numerosos asesinos en serie del cine, además de varios ‘fake-trailers’ entre los que destacan Machete y Werewolf Women of the SS que sí que tendrán sus propios largometrajes. En cuanto a la producción, A Band Apart dedica gran parte de su trabajo a cintas de bajo presupuesto como la reciente Hell Ride.

Con cada chorro descontrolado de sangre o comentario subido de tono Quentin Tarantino manda un mensaje de agradecimiento al género que más alegrías y diversión le ha proporcionado. Por ello, cada vez que esto ocurre, el mundo de la serie B se arrodilla ante Fortuna y le pide que, por favor, no mueva su ruleta ni un ápice de donde está.

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~ por rulankas en octubre 29, 2009.

2 comentarios to “El hijo pródigo”

  1. muy bueno rulas! ya he pillado billete para zaragozaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

  2. que grande es TARANTINO, hay muchas cosas que he leído que no sabía.

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